Místico y modernista

En su historia más remota, el edificio que acoge a Hotel Peninsular fue convento de la Orden de los Agustinos. Lo que ahora son las habitaciones de los huéspedes, en otros tiempos, fueron las celdas de los monjes.

De aquella época quedan otros vestigios, como un túnel subterráneo secreto que unía la iglesia de Sant Agustí, situada en la calle posterior, a los aposentos de los monjes y que, seguramente, utilizaban en tiempos turbulentos.

El inmueble fue secularizado y convertido en hotel en el año 1876. Fue durante la Exposición Universal que se celebró en Barcelona en 1888 cuando vivió su eclosión como negocio hotelero.

Tras diversos cambios de propiedad, en la década de los 60 del siglo pasado fue adquirido por los propietarios actuales, quienes acometieron una profunda restauración en los años 90 con el fin de dotar a las instalaciones de los mejores servicios y de realzar los elementos modernistas de su arquitectura.

A día de hoy, Hotel Peninsular está regentado por la tercera generación de la familia propietaria, que, con máxima dedicación y cariño, ha conseguido impregnar las relaciones con sus huéspedes de un cálido ambiente familiar.

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